EspañaColombiaCubaPaís VascoEcuadorHondurasRumaníaBoliviaBrasilVenezuelaEl SalvadorParaguayArgentinaSueciaRepublica Dominicana

Pastor Fito


Nacido el 23 de agosto de 1955 en Vitoria - Álava - España, casado con Maria Elena Vidaurre, del cual tienen 3 hijas, Martha, María y Raquel.

Me llamo Delfín Roberto Vergara, pero mis amigos me conocen como Fito. Además de policía municipal soy pastor de la Iglesia Evangélica Pentecostal en un pueblo de Guipuzcoa, Mondragón, desde hace aproximadamente dos años, y me gustaría compartir mi testimonio contigo. Todas las etapas de la vida de una persona están marcadas por ciertas características. Si tenemos en cuenta a una mayoría de jóvenes, lo que más les atrae durante dicha etapa de sus existencias es pasarlo bien. Atrás quedan los días en los que eras más o menos un buen chaval que estudiaba en un colegio religioso que un buen día desempeñaría un rol en esta sociedad. Y tristemente, el pasarlo bien consiste muchas veces en todo tipo de desenfrenos: consumo de alcohol y drogas, etc.      

Aquí es donde la carrera de muchos de estos jóvenes quedará truncada abruptamente para siempre, y la de otros muchos sufrirá una serie de heridas que, aunque de diferente gravedad, sus cicatrices dejaran una profunda huella. Sexo, drogas y rock & roll, como decía la letra de un grupo musical de esos mis tiempos locos.
Teniendo que abandonar varios buenos trabajos, con unas relaciones familiares demasiado tensas o incluso rotas, en una condición física y psíquica bastante deplorable, con muchos “amigos” o “colegas” que al haberse terminado el dinero ya no lo eran tanto, apareció gente en mi vida con un mensaje lleno de esperanza y que en sus rostros yo podía ver que había un brillo especial, ¡QUE DIOS ME AMABA Y QUE PODÍA CAMBIAR MI VIDA! ... ¡¡¡Venga hombre!!! A una persona como a mí, tan sucia, tan terriblemente egoísta, y que con 23 años la vida le daba completamente igual? Pero Dios comenzó a tratar conmigo de una forma maravillosa, como sólo un Dios de amor sabe hacer. Un proceso comenzó. Él fue quitando unas vestiduras viejas y harapientas cambiándolas por otras nuevas.
Cambió mi tristeza en gozo, mi amargura en esperanza, puso amor en vez de odio, el peso de mi pecado ya no me aplastaba, mis relaciones familiares y sociales fueron restauradas, mis adicciones a las drogas fueron quebradas, mi vida laboral pudo rehacerse.

Cuando le comenté a mi buena madre, que con tanta paciencia había sufrido en silencio las largas noches en que yo ni aparecía por casa, los cambios que Dios estaba haciendo en mi vida hizo un comentario que todavía ahora, cuando han pasado 26 años, me parece estar escuchándolo:
“Hijo, esto que me estás contando te durará dos meses. Luego volverás a ser el mismo sinvergüenza de siempre.”

Me asusté al escuchar eso. ¿Realmente se trataría de alguna experiencia psicotrópica, que tal como viene se va? Pero me tomó en sus brazos el Poderoso de Israel. Ahora sé que detrás de la transitoriedad de esta vida me está esperando mi amado Padre Celestial y que con Él ya no habrá más despedidas, ni tristezas ni dolor, y en maravillosa compañía con millones de redimidos por la sangre del Cordero reinaremos eternamente.

Ánimo hermano, hermana. Y tú también, alma sedienta. Si todavía no has gustado del amor del Salvador, no esperes más y entrega ahora mismo toda tu vida a Cristo, quien por ti y por mí sufrió y murió en la cruz del Calvario, llevando allí todos nuestros pecados. Si nunca entregaste tu vida a Jesús o te encuentras alejado de Él, te pido que hagas la siguiente oración con todo tu corazón:

Padre Celestial, cansado de mi caminar vengo delante de ti para pedirte perdón por todos mis pecados, para que los cubras con la sangre que tu Unigénito Hijo Jesucristo derramó en la Cruz del Calvario. Gracias Señor, acepto tu perdón, tu amor, y entro por la fe a formar parte de la familia de los hijos de Dios.

Puedes ponerte en contacto conmigo mediante las señas facilitadas en esta página. Con mucho gusto te atenderemos y proporcionaremos cuanta ayuda podamos darte. Dios te bendiga.